Simeone y la bandera del buen juego

Son las nueve y media de la mañana y los chasquidos de los choques de piernas y botas crepitan bajo la atenta mirada de Diego Pablo Simeone y un sol que ya deslumbra y amenaza con abrasar el día. Es el último entrenamiento antes del estreno de este lunes ante el Granada (21.30, Movistar LaLiga) y el entrenador del Atlético de Madrid ha ordenado un partidillo en campo reducido en el que no existe el fuera de juego para dinamizar el juego y sus futbolistas estén en alerta constante. La intensidad es máxima. Simeone no quiere un equipo activo o reactivo. Pretende ambas cosas. A sus futbolistas ya les ha advertido hace días de que la diferencia entre optar a ser terceros o a pelear por el título reside, entre otras cosas, en amasar a un equipo espabilado, en continuo e intenso movimiento con y sin balón.

Basado en el buen juego desplegado y en los resultados obtenidos tras el regreso del Mundial de Qatar, el preparador argentino cree haber encontrado el pasado curso un camino por el que su equipo debe transitar en este. “Los amistosos marcaron la línea que estamos buscando. No alejarnos de lo que hicimos en el final de la temporada pasada y confirmándolo día a día en el campo. Más allá de las palabras, lo importante es el juego”, reflexionaba este domingo el técnico rojiblanco con la cabeza ladeada y la vista perdida en la base del micro. Esa pose es clásica cuando en su cabeza bulle la llegada de un momento competitivo importante y el arranque de la temporada lo es.

El Atlético no ganó ningún título la campaña anterior y, salvo en la Copa, se descolgó demasiado pronto de la pelea por ellos, pero el fútbol desplegado para alcanzar el objetivo de clasificarse para la Champions y enderezar a un equipo que emitía señales alarmantes le ha dado a Simeone para reivindicarse. “Estamos más relacionados con la famosa pelota que gusta y nos reclaman. Claro, somos el Atlético de Simeone y no se ve tan claro, pero sí, jugamos bien”, defendió recientemente en una entrevista en el diario As.

Camino de la docena de años en el banquillo rojiblanco, nunca se le había observado tan dispuesto a que se pusiera el foco en lo bien que jugó y puede jugar el Atlético. Su insistente demanda al club de un mediocentro de buen pie, hecho y derecho, para oxigenar a Koke confirman su deseo por potenciar la línea de juego encontrada. Quiere un pivote que pueda sostener al equipo en partidos de altura. El italiano Marco Verratti sería el ideal para Simeone, pero hasta ahora la operación con el PSG no cuadra con la tesorería de la entidad. Como segunda opción está el danés del Tottenham, Pierre Hojbjerg. Si finalmente no viniera ninguno de los dos, el entranador está siguiendo muy de cerca el trabajo del canterano Pablo Barrios por si fuera necesario.

En esa vía de juego tomada, Simeone insiste como nunca en la necesidad de batir las líneas del rival aunque tenga que ser alguno de los tres centrales quien asuma los pases fuertes y rasos que se deben dar en los pasillos que dejan las defensas zonales. Bajo esa fórmula, el Cholo mantiene la verticalidad y el juego directo que tanto le gustan, pero ahora con un fútbol más por abajo y más al pie. Mario Hermoso y Griezmann son los dos futbolistas que mejor interpretaron el curso pasado el giro emprendido por su técnico tras el regreso del parón mundialista. Desde su llegada, Simeone casi siempre apostó más por dominar los partidos desde los espacios que desde la pelota. Desde el pasado enero, cuando menos, les da la misma trascendencia. La salida del balón desde atrás es crucial. Siempre si el partido y el rival lo permiten y siempre sin incurrir en el arriesgado fundamentalismo de la propuesta que lleva al límite a porteros y defensas. Oblak no es Ter Stegen y Simeone tampoco lo pretende, aunque lleve tiempo intentando que el meta esloveno mejore su precisión en el pase.

Con Giménez lesionado, las últimas pruebas realizadas por el Cholo situaron a Savic en el eje de la defensa. El turco Caglar Söyüncü, fichado al Leicester, le ha convencido y también optaba al puesto y fue probado, pero ante la incertidumbre del primer partido, el entrenador rojiblanco prefiere asegurar con Savic para una posición tan delicada. “Competimos contra un recién ascendido y con las dificultades de los inicios de temporada, el cansancio, los equipos no terminan de estar del todo bien, las pretemporadas, los viajes…”, advirtió el domingo Simeone.

Aun sin renovar, pero con la intención del club de rubricar un nuevo acuerdo en cuanto quede configurada la plantilla definitiva, el Cholo se sintió interna y externamente más cuestionado que nunca entre noviembre y diciembre del año pasado. Había expectación en la dirigencia por ver si era capaz de salir del atolladero. Lo logró y además con ese juego más atractivo. De haber alcanzado el objetivo de estar en la Champions con un fútbol más espeso, las dudas que han sido aparcadas por Miguel Ángel Gil Marín no habrían pasado ahora a un segundo plano.

Simeone arranca la temporada reforzado por los resultados y el juego exhibido en la segunda mitad del campeonato pasado, y además sin el concurso de João Félix, la gran apuesta de la propiedad. Le embarga la misma prudencia de siempre cuando le preguntan por las posibilidades de pelearle la Liga al Barcelona y al Real Madrid —”las áreas terminan definiendo las temporadas y ahí buscaremos nosotros estar fuertes”—, pero pocas veces se le ha visto tan convencido de la evolución mostrada por él y sus futbolistas.

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