La apuesta de Bolivia en la Guerra Fría

Hace 550 días una potencia con la que Bolivia intensificó sus relaciones en tiempos recientes desató la mayor crisis bélica de los últimos 40 años. Incluso no falta uno que otro analista que considera a la guerra entre Rusia y Ucrania como el detonante de una Tercera Guerra Mundial. El agravamiento del conflicto no deja de incentivar preocupaciones y alarmas. En los últimos meses, golpes de Estado prorrusos en Niger y Burkina Faso acentuaron las tensiones y las expandieron al continente africano.

La crisis internacional se complica con crecientes roces en el mar de China, la otra potencia que se aproximó a Bolivia en estos años. Como es sabido, Beijing ha lanzado sucesivas amenazas y críticas contra las maniobras de la marina estadounidense en zonas próximas a sus aguas soberanas. Pero, además, juega recurrentemente a recordar su demanda para recuperar Taiwán, con cada vez más amenazantes maniobras militares. China, además, si bien pregona su vocación de neutralidad en el conflicto europeo, ha dado muestras claras de apoyo a los rusos.

Valga citar un tenso detalle: dos senadores estadounidenses informaron que los últimos días de julio Estados Unidos envió cuatro buques de guerra y un avión de reconocimiento hacia Alaska. La movilización naval se produjo porque 11 buques militares chinos y rusos realizaron una patrulla conjunta muy cerca de la región. Los dos senadores republicanos, Dan Sullivan y Lisa Murkowski, emitieron un comunicado de prensa conjunto la noche del sábado 5 de agosto. Allí afirmaban haber sido informados sobre la operación, que se llevó a cabo cerca de las islas Aleutianas.

“Hemos estado en estrecho contacto con los dirigentes del Mando de Alaska durante varios días y hemos recibido información clasificada detallada sobre los buques extranjeros”, declaró Murkowski. “La incursión de 11 buques de guerra chinos y rusos que operan juntos —frente a las costas de Alaska— es un recordatorio más de que hemos entrado en una nueva era de agresión autoritaria dirigida por los dictadores de Beijing y Moscú”, dijo por su parte Sullivan. La patrulla, de la que informó el Wall Street Journal, parecía ser la mayor flotilla de este tipo que se acercaba a territorio estadounidense, según expertos citados por ese diario.

Otro aliado incómodo

Por si faltaran amistades con problemas en la aldea global, en los últimos años, las autoridades bolivianas fortalecieron sus relaciones con Irán. Irán, hoy un importante aliado de Rusia, es una potencia de segundo orden en constante beligerancia con Estados Unidos y Europa Occidental. No por nada, durante la anterior década, fue considerada por Washington como uno de los miembros del “Eje del mal”. El anatemizado grupo lo conformaban, además, Corea del Norte, Bielorrusia, Cuba, Myanmar y Zimbabue; todos ellos hoy explícitos aliados de Rusia.

Son relaciones sostenidas y crecientes a lo largo de gran parte del siglo que corre, tanto en años recientes como hoy. “En eso los gobiernos de Evo Morales y Luis Arce han mantenido la línea —dice Jaime Flores Uriarte, abogado con maestría en relaciones internacionales—. Con los tres se ha forjado una relación sin precedentes. En el caso ruso, vemos desde los intrigantes proyectos que se llegó a bosquejar a nivel nuclear, hasta el reciente acuerdo para el litio. En el caso chino sobran las palabras en cuanto a acuerdos, convenios, préstamos e inversiones. Bastará añadir que Evo Morales visitó cuatro veces ese país y que Arce ha informado de conversaciones vía línea directa tanto con Vladimir Putin como con Xi Jin Ping”.

En esa línea también hubo una continuidad en las relaciones con Irán. Es más, no sólo Evo visitó Teherán en 2008 y 2010, sino que su par iraní, Mahmud Ahmadinejad, llegó a Bolivia en 2008, 2010 y 2012. Incluso en una de esas visitas se desató un escándalo internacional. Uno de los invitados, el ministro de Defensa Ahmad Vahidi, había sido identificado entre los autores del atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en 1994. En tiempos del presidente Arce continúa la proximidad.

Hace 20 días, llamó la atención un acuerdo de cooperación firmado entre los ministros de defensa de ambos países, Edmundo Novillo y Mohamed Reza Qarai Ashtiani. El acuerdo, según el ministro iraní Reza Qarai, permitirá “suministrar a Bolivia los equipos necesarios en la lucha contra el narcotráfico y para preservar su seguridad fronteriza”. Aquel trato, signado en Teherán, se suma a varios otros además de diversos intercambios oficiales y extraoficiales marcados por donaciones de equipos de comunicación y otros. En suma, una relación adicional que precipita la orientación de la política exterior boliviana.

El cambio de eje

“Me parece que hay, entre varias, una causa particular para este alineamiento boliviano con esos actores de la política internacional —explica Flores Uriarte—: es David Choquehuanca y su equipo. Él fue canciller durante la mayor parte de los casi 14 años de Evo y en el actual gobierno, como vicepresidente, mantiene esa influencia. Sus contactos internacionales, trabajados durante décadas, vía ciertas poderosas ONG, marcaron su afinidad con las líneas culturalistas claramente identificadas con China e Irán. A la escuela de RRII masista le gusta hablar del poder cultural chino y le hace paralelos con las culturas andinas, y también le gusta hablar de las Yihad (guerras santas) y sus hitos”.

El analista señala que a esa tendencia se sumaron los nexos contestarios que Cuba y Venezuela ligaron hacia Rusia. En ese marco, asegura que no debería sorprender, al menos dentro del país, la forma en que las autoridades reaccionaron a la polarización que marca la nueva Guerra Fría en el planeta. Como es sabido, Bolivia resultó precozmente uno de los países menos neutrales a la hora de las votaciones que generó la invasión rusa a Ucrania. De hecho, durante el primer año de guerra, se abstuvo en ocho votaciones, en Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos, de condenar la invasión.

Presionado por críticas que recordaban posturas distintas frente a casos similares en el pasado y el propio en la Guerra del Pacífico, el canciller Rogelio Mayta finalmente respondió: “Si revisan la votación, nuestra posición está en consenso con países que representan a la mitad de la población mundial, como China y La India, entre otra treintena de países”. Luego, el Gobierno sugirió negociaciones orientadas a la solución liderada por el Secretario General de las NNUU y garantes reconocidos por ambas partes.

Advertencias desde el norte

Paralelamente, cierta presión estadounidense empezó a sentirse, especialmente desde una vocera militar. En septiembre de 2022, así como en marzo y julio de 2023, la jefa del Comando Sur de Estados Unidos, generala Laura Richardson, cuestionó la creciente presencia de Rusia y China en Sudamérica y El Caribe. El 11 de marzo Richardson habló ante el comité de servicios armados de la Cámara de Representantes. Allí señaló que China “expande su influencia” en Sudamérica y el Caribe, además de “manipular” a sus gobiernos mediante “prácticas de inversión depredadoras”,

Richardson sostuvo, además, que el gobierno del gigante asiático “continúa expandiendo su influencia económica, diplomática, tecnológica, informativa y militar en América Latina y el Caribe”. China “tiene la capacidad y la intención” de “promover su tipo de autoritarismo y amasar poder e influencia a expensas de estas democracias”. Luego añadió que la potencia asiática “ha ampliado su capacidad para extraer recursos, establecer puertos, manipular a los gobiernos a través de prácticas de inversión depredadoras y construir posibles instalaciones espaciales de doble uso”.

Riesgos y consecuencias

En ese escenario, los analistas evalúan los riesgos de la postura boliviana y las posibilidades de que las tensiones entre las grandes potencias se agraven. “Diferenciemos bien que lo que es bueno para Bolivia no necesariamente es bueno para los funcionarios del Gobierno de Bolivia —explica el politólogo Iza Amer Quevedo—. O lo que es bueno para el país, no necesariamente será bueno para algunos sectores del país. Vemos que el Gobierno boliviano hace primar la conveniencia política por encima de la del país. También debemos recordar que hay alianzas que se realizan con base en valores positivos para la sociedad y hay alianzas que surgen por conveniencias. Nuestro Gobierno está haciendo lo segundo, y, por ello, nos estamos acercando a países que no comparten con nosotros los valores democráticos”.

Quevedo añade que, con la postura asumida por las autoridades, Bolivia se acerca a países que no comparten los valores de la Constitución Política del Estado. Actúa contra los valores que defiende el país desde hace casi dos siglos. Recuerda que Rusia, por ejemplo, tiene una historia imperialista desde hace siglos marcada hoy por “un gobierno autoritario, casi dictatorial”. “Por otro lado, al país no le conviene asumir una postura entre dos potencias, al estar en una cercanía geográfica con uno de ellas —complementa—. Estar así en el bando contrario nos puede traer muchos problemas, nos convendría la neutralidad o apegarnos a nuestros valores constitucionales, como la democracia y la pluralidad”.  

Por su parte, Samuel Montaño Salcedo, analista en temas de defensa, remarca que el riesgo de una gran confrontación resulta lejano. “Las potencias están sobre todo haciendo demostraciones de musculatura porque saben que una gran guerra hoy no les conviene —señala—. En ese marco, además, tienen su atención más puesta en Europa, Asía y África mientras que han dejado cierta libertad en Latinoamérica porque si no ya habrían tomado medidas duras. De todas maneras, sí están haciendo sus posicionamientos en relación con los recursos naturales y allí esperan gestos de cada país. Por ello, entiendo que hace unas semanas un viceministro declaró que “si Estados Unidos cumple nuestras condiciones, también podrá entrar en el negocio del litio, buscando evitar mayores tensiones”. 

Flores, así como otros analistas citados en diversos medios, incluso de España y Chile, coincide en el hecho de la lejanía de un gran conflicto. Sin embargo, advierte que el escenario boliviano al haberse radicalizado en la línea de países como Nicaragua, Cuba y Venezuela suma riesgos inmediatos y mediatos. “Tenemos evidentes problemas económicos, y esas decisiones reducen posibilidades de inversiones de potencias occidentales, así como el acceso a créditos o programas de cooperación —remarca—. En las relaciones internacionales, Bolivia se aísla dentro de la gran comunidad inmersa en Naciones Unidas y también se reducen iniciativas de ayuda en ese nivel”.

Por último, pregunta: “¿Estamos actuando y pensando en función a las grandes necesidades del país de cara a las próximas y críticas décadas que se vienen? Esperemos que sí”.

Por Diario

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