/ lunes 14 de agosto de 2023

Para su ciudad natal, el artista es un profeta en su tierra, capaz de impulsar peregrinajes al lugar más insospechado, como una biblioteca

Con 24 Grammys y tras amasar una fortuna de mil millones de dólares, sigue invirtiendo en empresas como Uber, Square y SpaceX, entre otras | EFE

Nora Quintanilla

La Biblioteca Pública de Brooklyn está más transitada que nunca desde que, a mitad de julio, amaneció con la fachada cubierta de letras de canciones de Jay-Z con motivo de la exposición «The Book of Hov», que hace un repaso a la carrera de su ilustre vecino, cuyo nombre real es Shawn Carter.

La institución «tiene la mayor colección sobre la historia de Brooklyn del mundo, y no se puede contar esa historia sin Jay-Z», explica una portavoz, Fritzi Bodenheimer, quien señala que hasta la fecha han recibido 100 mil visitantes, incluyendo fans acérrimos que han viajado expresamente desde otros lugares de Estados Unidos.

Recomendado para ti: Así es el rap para sordos

Y con la excusa de tener un carné de biblioteca de edición limitada, sólo en la primera semana hubo 4 mil solicitudes, añade la portavoz. Varios modelos de carné especiales, más un marcapáginas y una cajita de piel, estarán disponibles al mejor postor en una subasta de Christie’s que se abre mañana desde 100 dólares el lote.

La exposición se llama «El Libro de Hov» por un apodo que parte de Jehová y que el artista acortó en un gesto de moderada humildad y cuenta, como si se tratara de un texto bíblico, cómo creció en un bloque de vivienda pública hasta que su destreza lírica lo encumbró en el hiphop y se convirtió en hombre de negocios.

ÉXITO INSPIRADOR

En el patíbulo, junto a algunas carátulas de su veintena de discos, luce el cartel de las «Marcy Houses» de Brooklyn, una peligrosa zona en la década de los 70, donde se origina otra historia de «rags to riches» (de los harapos a las riquezas) que tanto gusta en su país y que sirve de «inspiración» al barrio.

La misma grandilocuencia que empapa las letras de muchos raperos empapa la biografía de Jay-Z, cuya empresa Roc Nation ha organizado la exposición, coincidiendo con el 50 aniversario del hiphop, y que ha instalado una enorme pantalla que reza lemas como «Soy el Pablo Picasso moderno, nena».

En el recorrido se puede entrar a una recreación de su estudio de grabación y «santuario», Baseline, donde cuelgan numerosos certificados de ventas, y se pueden ver sus numerosos retratos con figuras reconocidas de todos los ámbitos, como Warren Buffett, Tom Brady, Barack Obama y Rihanna, así como muchos de sus trofeos.

Con 24 Grammys y una larga lista de hitos en la música y más allá, en 2019 Jay-Z añadió el de amasar una fortuna de mil millones de dólares, fruto de acertadas inversiones tempranas en empresas como Uber, Square o SpaceX, propiedades inmobiliarias y arte, además de colaboraciones y a la buena marcha de Roc Nation.

El hombre que hizo famosa la frase «I’m not a businessman, I am a business, man» (No soy un empresario, yo soy la empresa, colega), ha seguido llenando sus bolsillos en los últimos años tras los lucrativos acuerdos de venta de su empresa de champán Armand de Brignac y su plataforma de «streaming» musical Tidal.

«AGENTE DE CAMBIO»

Pese al aroma a dinero, transpira en el compositor un carácter reivindicativo que lo ha convertido en activista por la justicia social y en filántropo, facetas desde las que impulsa campañas por la reforma del sistema penal en Estados Unidos, la educación de los jóvenes negros o la diversidad racial en los negocios.

Mucho de esto lo atribuye al espíritu de la cultura hip-hop, como él mismo dijo en su discurso del Hall de la Fama del Rock and Roll, en 2021, que se reproduce en una sala llena de pantallas, donde recuerda que creyó en sí mismo, siguió su ambición y consolidó el poder de este género musical como «agente de cambio».

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Prueba de ello es «lo que hizo Hov», frase que se repite y que engloba revoluciones como llevar el hiphop a «estadios de rock extranjeros» o al prestigioso Carnegie Hall, y «cambiar los pantalones caídos por un traje con corbata» y acceder a la Casa Blanca en apoyo a Barack Obama, el primer presidente negro de EE.UU.

Como curiosidad, la presencia de la reina del pop Beyoncé, su esposa desde 2008, es tangencial en la muestra y se reduce a algunas fotografías, pero no es ningún secreto la influencia mutua que se ejerce esta poderosa pareja musical, que se presentó de la mano en la inauguración junto a la hija mayor de ambos, Blue Ivy.

La Biblioteca Pública de Brooklyn está más transitada que nunca desde que, a mitad de julio, amaneció con la fachada cubierta de letras de canciones de Jay-Z con motivo de la exposición «The Book of Hov», que hace un repaso a la carrera de su ilustre vecino, cuyo nombre real es Shawn Carter.

La institución «tiene la mayor colección sobre la historia de Brooklyn del mundo, y no se puede contar esa historia sin Jay-Z», explica una portavoz, Fritzi Bodenheimer, quien señala que hasta la fecha han recibido 100 mil visitantes, incluyendo fans acérrimos que han viajado expresamente desde otros lugares de Estados Unidos.

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Y con la excusa de tener un carné de biblioteca de edición limitada, sólo en la primera semana hubo 4 mil solicitudes, añade la portavoz. Varios modelos de carné especiales, más un marcapáginas y una cajita de piel, estarán disponibles al mejor postor en una subasta de Christie’s que se abre mañana desde 100 dólares el lote.

La exposición se llama «El Libro de Hov» por un apodo que parte de Jehová y que el artista acortó en un gesto de moderada humildad y cuenta, como si se tratara de un texto bíblico, cómo creció en un bloque de vivienda pública hasta que su destreza lírica lo encumbró en el hiphop y se convirtió en hombre de negocios.

ÉXITO INSPIRADOR

En el patíbulo, junto a algunas carátulas de su veintena de discos, luce el cartel de las «Marcy Houses» de Brooklyn, una peligrosa zona en la década de los 70, donde se origina otra historia de «rags to riches» (de los harapos a las riquezas) que tanto gusta en su país y que sirve de «inspiración» al barrio.

La misma grandilocuencia que empapa las letras de muchos raperos empapa la biografía de Jay-Z, cuya empresa Roc Nation ha organizado la exposición, coincidiendo con el 50 aniversario del hiphop, y que ha instalado una enorme pantalla que reza lemas como «Soy el Pablo Picasso moderno, nena».

En el recorrido se puede entrar a una recreación de su estudio de grabación y «santuario», Baseline, donde cuelgan numerosos certificados de ventas, y se pueden ver sus numerosos retratos con figuras reconocidas de todos los ámbitos, como Warren Buffett, Tom Brady, Barack Obama y Rihanna, así como muchos de sus trofeos.

Con 24 Grammys y una larga lista de hitos en la música y más allá, en 2019 Jay-Z añadió el de amasar una fortuna de mil millones de dólares, fruto de acertadas inversiones tempranas en empresas como Uber, Square o SpaceX, propiedades inmobiliarias y arte, además de colaboraciones y a la buena marcha de Roc Nation.

El hombre que hizo famosa la frase «I’m not a businessman, I am a business, man» (No soy un empresario, yo soy la empresa, colega), ha seguido llenando sus bolsillos en los últimos años tras los lucrativos acuerdos de venta de su empresa de champán Armand de Brignac y su plataforma de «streaming» musical Tidal.

«AGENTE DE CAMBIO»

Pese al aroma a dinero, transpira en el compositor un carácter reivindicativo que lo ha convertido en activista por la justicia social y en filántropo, facetas desde las que impulsa campañas por la reforma del sistema penal en Estados Unidos, la educación de los jóvenes negros o la diversidad racial en los negocios.

Mucho de esto lo atribuye al espíritu de la cultura hip-hop, como él mismo dijo en su discurso del Hall de la Fama del Rock and Roll, en 2021, que se reproduce en una sala llena de pantallas, donde recuerda que creyó en sí mismo, siguió su ambición y consolidó el poder de este género musical como «agente de cambio».

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Prueba de ello es «lo que hizo Hov», frase que se repite y que engloba revoluciones como llevar el hiphop a «estadios de rock extranjeros» o al prestigioso Carnegie Hall, y «cambiar los pantalones caídos por un traje con corbata» y acceder a la Casa Blanca en apoyo a Barack Obama, el primer presidente negro de EE.UU.

Como curiosidad, la presencia de la reina del pop Beyoncé, su esposa desde 2008, es tangencial en la muestra y se reduce a algunas fotografías, pero no es ningún secreto la influencia mutua que se ejerce esta poderosa pareja musical, que se presentó de la mano en la inauguración junto a la hija mayor de ambos, Blue Ivy.

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