Revelan escalofriantes detalles de autopsia a cuerpo de empresario descuartizado – Policiales – Elonce.com
Los restos de Fernando Pérez Algaba (41) fueron hallados entre el 22 y el 23 de julio en el Arroyo del Rey de Lomas de Zamora: sus asesinos lo descuartizaron para ocultar el cuerpo y lo tiraron al Arroyo del Rey, a metros de la feria de La Salada, a 50 kilómetros del último lugar en el que -declararon- lo vieron vivo.

La autopsia determinó que «los cortes efectuados a nivel de las amputaciones de extremidad cefálica, miembros superiores y miembros inferiores, no presentaron características de vitalidad, tratándose de lesiones port mortem, las mismas pudieron ser efectuados con un elemento dotado de filo».

En un informe presentado el fin de semana, confirmaron que «se podrían dividir en elementos dotados de filo y pesos y/o fuerza viva o elementos de corte por movimientos recíprocos manuales o mecánicos, como podrían ser motosierras o amoladoras».

De acuerdo al informe que ya ha sido incorporado al expediente para ampliar el de autopsia, para desmembrar el cuerpo de Pérez Algaba habrían usado «un elemento de filo para cortar las partes blandas (por ejemplo cuchillos) y, al llegar al plano óseo, elementos dotados de filo y pesos como hachas, palas y machetes«.

A Fernando Pérez Algaba lo mataron de dos disparos, uno de ellos que habría ingresado por la espalda, pero los detalles de cómo desmembraron su cuerpo aportaron a los investigadores algunos indicios más respecto de lo que hicieron sus asesinos para ocultarlo.

Primero, en una valija roja, dos chicos que jugaban a la pelota, vieron (se confirmó después) los brazos y las piernas de Pérez Algaba. Luego de trabajar durante varias horas en el arroyo encontraron el torso y la cabeza, al día siguiente.

Por el hecho hay una sola detenida, se trata de Nicol Chamorro (35). Llegaron a ella porque, dentro de la valija, había cuatro documentos de identidad. Todos de la familia de Nicol, quienes apuntaron a la mujer trans: dicen que se la llevó cuando la echaron de la casa compartida. Con ese elemento, lleva 15 días detenida y le negaron la excarcelación.

La valija en que encontraron restos

Mientras el hermetismo rodea la investigación, personas vinculadas al expediente hablan de «amenazas» y los testigos «tienen miedo», publica el diario Clarín.

Lucas Matilla, que declaró espontáneamente en la DDI de Lomas de Zamora, a disposición de la Fiscalía N° 5 de Lomas de Zamora, presentó un hábeas corpus en el Juzgado de Garantías N° 4 de Morón donde denunció amenazas, la presencia de personal de la DDI de Merlo en sus domicilios y que «lo siguen y lo fotografían».

Matilla declaró ser amigo de Pérez Algaba hacía 11 años, dijo que lo conoció al comprarle una moto de agua y que desde entonces tenían un vínculo. Sin mucho más que agregar, aportó lo que todos: que «Lechuga» era ludópata, que había incursionado en el negocio de las criptomonedas y que manejaba grandes caudales de dinero.

El joven está señalado por otro testigo, una de las dos últimas personas que vieron vivo a Pérez Algaba, Nahuel Vargas (43). Vargas apuntó contra él en su declaración: «De última avisanos cuando le pagás y ahí le damos porque este no nos va a pagar más», parafraseó.

Matilla no dijo en su declaración que «Lechuga» le debía dinero, como lo señaló Vargas. Pero sí denunció haber sido víctima de amenazas: «El 5 de agosto aproximadamente a las 10.15 (. . .) dos hombres que se identificaron como personal de la DDI de Merlo me realizaron preguntas, entre ellos todos mis datos filiatorios y de mis padres. Además sobre datos referidos a la investigación (…) por la muerte de Fernando Pérez Algaba», denunció.

«Me preguntaron si estaba a derecho en esa causa, por qué declaré como testigo y si me iba de viaje», agregó. En el mismo sentido, refirió que otros dos hombres que se presentaron como policías de la DDI de Merlo interrogaron al encargado de un edificio de otro domicilio registrado y «le preguntaron por mí y le refirieron que si no colaboraba sería cómplice».

«Desde hace aproximadamente una semana, a cada lugar donde voy, hay personas que me siguen, a pie, en moto, e incluso me han tomado fotografías y me han filmado», dijo el hombre asustado por estas intervenciones. Por eso pidió que se soliciten cámaras de seguridad para ver de quiénes se trataba y si efectivamente corresponden a la DDI de Merlo.

Por Diario

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