«Tenemos que activar ya un plan de guerra contra el calor o no podremos vivir en nuestras ciudades»

El ambientólogo valenciano y pesado climático –como él mismo se describe-, Andreu Escrivà, acaba de publicar Emergència Climàtica (Bromera) un manual pensado para estudiantes de ESO y Bachillerato -que serán los más afectados en el futuro por este fenómeno-, pero también para cualquier persona curiosa que quiera conocer y entender esta amenaza global que cambiará y está cambiando ya nuestra forma de vida.

Escrivà atiende a La Vanguardia después de una noche tórrida en València –y ya estamos en cifra récord este verano, apunta- donde apenas ha podido conciliar el sueño. Así, lo denuncia en esa red social que muda de pájaro a X y que utiliza para divulgar informaciones científicas pero también para desmontar bulos y aclarar conceptos.





Nos pensamos que el cambio climático es un fenómeno lejano, pero, con un Mediterráneo que marca récords de temperatura, nos toca en primera fila

“Nos pensamos que el cambio climático es un fenómeno que afecta a los polos y al oso polar, pero nosotros, con un Mediterréano que marca récords de temperatura, nos toca en primera fila. La gente muere por el calor, de manera directa e indirecta, día a día”. “Lo espectacular de este año son las noches. En verano siempre ha hecho calor, aunque era algo más soportable porque por las noches tenías un respiro; incluso la gente salía a la fresca”. Ahora, explica este divulgador científico, “estamos en una de las etapas reinas del Tour donde no hay ni un descanso”. Y avisa: “Ese estrés continuado, someter a nuestro cuerpo a ese calor, tiene efectos sobre la salud”.

Por ello, ante quienes intentan enmarcar la emergencia climática como algo lejano, Escrivà insiste en vincularlo a la salud, a nuestro rendimiento laboral e incluso a nuestro estado de ánimo y a la salud mental: “Está empeorando nuestras vidas”.



Reflexión

Escrivà apunta que someter el cuerpo al calor extremo afecta a la salud, al rendimiento e incluso a la salud mental

Ante esta situación, reclama adaptar nuestras ciudades y pueblos a la nueva realidad. Recoge la idea del sociólogo y ensayista César Rendueles y señala que “ya está bien de experimentos o pruebas piloto” y reclama “activar ya un plan de guerra climática contra el calor”. Ya no con el propósito de salvar el planeta sino para que “no se mueran los mayores, los adultos puedan trabajar en unas mínimas condiciones de seguridad y los niños puedan jugar en el parque”.

¿Y cómo hacerlo? El autor lo ejemplifica con la imagen que muchos hemos visto estos días en pueblos y ciudades, donde la gente se agolpa en un pequeño trozo de sombra a la espera que se ponga un semáforo en verde. Escrivà reivindica «quitar todo el asfalto que se pueda; plantar árboles y adaptar las superficies con materiales que repelan la radiación; habilitar fuentes y refugios climáticos». Este licenciado en Ciencias Ambientales y doctor en Biodiversidad por la Universitat de València lo tiene claro: “Vivimos en ciudades fósiles, pensadas para un clima que no existe. Tenemos poco tiempo y tenemos que adaptarlas a la realidad que vendrá en los próximos años”.



Adaptar las ciudades

Con propuestas como quitar todo el asfalto que se pueda; plantar árboles y adaptar las superficies; habilitar fuentes y refugios climáticos

Por ello reclama esta guerra en el sentido de que la clase dirigente y la población, como sucede cuando hay un fenómeno bélico, entienda la importancia del compromiso que hay que adquirir, las inversiones que hay que realizar e incluso los sacrificios que pueden tener que hacerse.

Y es que las consecuencias se notan y se van a notar. Explica el ejemplo del turismo. “Tenemos que ser conscientes que la gente cuando hace un viaje no quiere padecer. Y ahora hay gente que viene al Mediterráneo y que padece porque se baña en un mar que no refresca o porque vuelve el mosquito tigre”. No quiere con ello decir que hay que actuar para salvar la gallina de oro de la economía valenciana –“hay que hacerlo por nuestro confort climático”-, pero entiende que con estos argumentos algunos más reacios pueden apuntarse al carro por su propio interés económico. 

Como apuntan diversos estudios, en los próximos años se puede producir una basculación del tradicional sol y playa hacia el norte en verano, mientras que otras zonas de Europa, climáticamente más apetecibles, “ganaran atractivo turístico”. 




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Por ello, cree que el sector también debe involucrarse en esta necesaria transformación. En este sentido, cree que la decisión del nuevo gobierno del PP y Vox de eliminar la tasa turística es “un error monumental” pues “lo legítimo es que parte de esa adaptación salga de quienes se van a aprovechar de ella (los turistas); es una cuestión de dignidad y de racionalidad económica”.

Escrivà no se muestra muy esperanzado con la línea del nuevo ejecutivo por la presencia en el mismo de negacionistas del cambio climático. “Me preocupa porque se legitima esa posición y gente que tenía vergüenza se ve representada”. En esta línea muestra su temor porque haya una involución legislativa: “No hace falta derogar normas, se pueden vaciar económicamente”. Con todo, cree que aunque se pueden dar pasos atrás, afortunadamente, “Europa estará vigilante”, como considera que lo debe estar la ciudadanía que “debe exigir que se actúe pues dejar de actuar es actuar en contra”.

Precisamente, una de las cuestiones que aborda el nuevo libro (el cuarto que publica) es la batalla dialéctica contra los negacionistas. En Emergència climática, Escrivà distingue entre el negacionista desinformado –aquel que se hace preguntas legítimas, que necesita educación ambiental y que se le expliquen bien los datos sin que se le trate como un ignorante- y aquel negacionista que tiene interés político, mediático o económico en su posicionamiento. A estos les planta cara: “Hay que ser claros. No niegan el cambio climático, niegan la ciencia y exhiben orgullosos su ignorancia mientras se vanaglorian de atentar contra la salud de todos”. Por ello, consciente de la importancia de la semántica, apuesta por llamarles directamente “negacionistas de la ciencia”. 

No niegan el cambio climático, niegan la ciencia y exhiben orgullosos su ignorancia

En el libro también habla de los mitos más extendidos sobre el cambio climático. Dado que resulta imposible negar la subida de las temperaturas, explica el autor, se está variando el discurso para señalar que los culpables de este fenómeno no son los seres humanos; una excusa para no actuar. Escrivà lo rebate, “el 100% de las emisiones de gases de efecto invernadero que causan el calentamiento global son causadas por las personas”. Y lo tienen claro: «Existe la certeza absoluta de que la responsabilidad es humana y, aunque no fuera nuestra responsabilidad, deberíamos actuar por nuestro propio bien».

También desmiente que no todo lo que nos envuelve es cambio climático, aunque sí que, en cierta manera, el fenómeno está en todo lo que nos rodea. “Padecemos una gota fría y pensamos en el cambio climático. Sí que provoca que los fenómenos meteorológicos sean más extremos y frecuentes, pero para evaluar las consecuencias de las fuertes danas también hay que tener presentes otras variables como la ocupación de los usos del suelo y el urbanismo”. Como tampoco se explica la pérdida de la biodiversidad solo por el cambio climático; la contaminación o la destrucción del hábitat (ambas causadas por el ser humano) también están detrás.


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Pese a esta coyuntura, Escrivà no quiere perder el optimismo pese a ser es consciente que se tienen que “hacer muchos sacrificios para vivir peor que ahora, pero mejor de lo que podría ser si no se hace nada”. Apuesta por hacer una transformación cultural y cambiar de prioridades, “no me resigno a que Valencia no se pueda vivir de aquí a 30-40 años”. Explica que hay cosas que ya no podremos tirar atrás, como la subida de la temperatura del planeta, pero no se resigna a cruzarse de brazos y cree que «sí que se puede actuar para evitar mucho padecimiento de mucha gente, también de casa nuestra».

Por Diario

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