Make-A-Wish: un deseo antes de dejar este mundo

Entrevistamos a María Silvia Aguilar, abogada y voluntaria de «Make-A-Wish» (Pide un deseo), con el fin de conocer -en primera persona- las obras de esta fundación que se presenta de la siguiente manera: «Concedemos deseos a chicos (de 3 a 18 años) en condiciones clínicas que amenazan sus vidas, para enriquecer su experiencia con esperanza, fortaleza y alegría. Un deseo cumplido es una verdadera magia que alivia las rutinas de los hospitales».

Radicada en Argentina desde 2002, la organización ha hecho realidad más de 7.000 peticiones: «En todos los casos, cumple el deseo más querido del niño, asegurándose de que los familiares directos participen. De este modo, dejamos recuerdos muy felices y duraderos a aquellos familiares, independientemente de cuál sea el futuro que deben sobrellevar».

Esta organización benéfica procura cumplir sus objetivos con profesionalismo y sensibilidad: «Nada es imposible con nuestros niños. Ellos, en definitiva, son la única razón por la cual existimos. Para continuar con nuestro trabajo y alcanzar nuestro objetivo, confiamos completamente en la solidaridad y bondad de mucha gente».

– ¿Cómo nace, María, «Make-A-Wish»?

– En Estados Unidos, en el año 1980, un nene de siete años llamado Christ y con un diagnóstico de leucemia se encontraba internado. Estaba muy angustiado y su mamá le preguntó cuál podría ser su deseo para que ella vuelva a verlo sonreír. Christ era un fanático de la serie «CHiPs» y le dijo que quería ser policía. La madre se fue al departamento de seguridad pública de Arizona y le comentó al personal el sueño de su hijo. Los policías se comprometieron a hacer realidad ese deseo y a los pocos días aparecieron con un casco de policía, con el uniforme de tránsito del departamento de Arizona y lo nombraron agente honorario de tránsito. Con una moto a batería, salieron a recorrer la ciudad. Christ patrulló las calles de Arizona escoltado por los agentes. La felicidad de ese nene fue impresionante. Entonces, la mamá se planteó junto con el personal de policía: «Si pudimos sustituir la angustia de Cris por alegría, también lo podemos hacer con otros niños que están atravesando un momento difícil a causa de una enfermedad».

– ¿En qué países está presente «Make-A-Wish» en la actualidad?

– En cincuenta países. En Argentina, estamos desde el año 2002 representados por nuestra presidenta, Mónica Parisier. A la fecha, llevamos cumplidos más de 7.000 deseos de diversas categorías como: quiero ir al mar, a Disney, a las montañas o a un evento deportivo; quiero conocer a un deportista, a un superhéroe o famoso; quiero conocer el mar o la nieve; quiero visitar la cancha de River o Boca; quiero tener una guitarra o un día de shopping; quiero ser cantante, chef, bailarina, bombero o soldado; quiero un abrazo. ¡Muchas veces nos han pedido un abrazo!

– ¿Cuál es el límite para cumplir deseos?

– El único límite es la imaginación de los chicos. A veces los médicos pueden llegar a decirnos que no, en este momento, ese deseo. Por ejemplo, eso sucede cuando nos piden viajar o cuando nos piden alguna mascota y quizás son pacientes que están en una lista de espera para un trasplante. Entonces, por precaución, no se puede cumplir ese pedido. Por tal motivo, nosotros siempre le preguntamos por tres deseos. Si por algún motivo no se puede cumplir el primero, vamos por los otros. Obviamente, si ellos nos dicen que quieren seguir esperando el primero, nosotros aceptamos. Siempre es conversado con el soñador porque la idea es que impacte el deseo en ellos.

– ¿Cómo llegás a Make-A-Wish?

– Desde la secundaria, siempre era la que estaba movilizando a mi grupo de amigas para concretar movidas solidarias. Hace ya más de diez años, leí un libro donde contaban la historia de dos amigos: uno de ellos estaba atravesando una enfermedad que ponía en riesgo su vida; el otro comenzó a hacer distintas actividades para que el enfermo disfrutara a pesar de lo difícil de su tratamiento; trataba de ayudar a su amigo a atravesar la enfermedad de una manera distinta. Terminé ese libro y dije: «Es esto lo que yo quiero hacer». Comencé a buscar. Hasta que escuché una entrevista a Mónica Parisier, nuestra presidenta, e inmediatamente llené los formularios. Acá estoy: aproximadamente llevo diez años como voluntaria.

– María, te conocimos a través del libro «Nomen Nescio», donde Ana Vanni narra la lucha contra el cáncer de su hijo Joaquín. Cuando la salud de Joaqui se puso muy frágil, «Make-A-Wish» entró en acción a través de tu persona. ¿Cómo fue ese encuentro?

– A Joaquín lo conocemos a través del llamado que nos hicieron sus papás como cuenta Anita en su libro. Los médicos del Hospital Italiano donde Joaquín estaba internado, le pedían a los papás que llamen a la fundación para que fuésemos a conocer a Joaqui. Bueno, es así que voy una tarde al hospital. Joaquín estaba en ese momento internado. Cuando entro a ese cuarto, había una juguetería sobre su cama. Ahí estaba Joaquín sentado y esperándome con sus ojitos brillantes. Estaban sus papás y su hermanita bebé. Me presenté y fuimos de a poco porque Joaquín era chiquito. Teníamos que entrar en confianza y lo ideal fue ponernos a jugar con un camión de bomberos; jugamos a que estábamos en un cuartel de bomberos. Así fuimos entrando en confianza hasta que yo consideré que era oportuno comenzar a hablar acerca de cuál era su mayor deseo. En ese momento, él me muestra un susurrador de sueños que había hecho con su mamá: habían unido varios rollos de cocinado y los habían decorado con colores. Él me explicó que a través de ese susurrador me iba a contar su sueño. Una vez que me lo susurró, me preguntó: «¿Vos vas a hacer magia?». Yo le dije que sí. Cuando me estaba yendo, me dijo: «¡Pero si sos maga, tenés que desaparecer!» Entonces le dije: «Bueno, si vos me das un beso, cerrás los ojitos y contás hasta tres, yo desaparezco». Eso hicimos. Cuando salí de la habitación, estaban esperándome médicos y enfermeras ansiosos por conocer cuál había sido el deseo de Joaquín.

– ¿Cuál era el deseo de Joaquín y cómo se lo cumplieron?

– Joaquín quería un Jeep de bomberos a baterías. Somos un equipo. Una vez que conocemos cuál es el sueño a cumplir, lo conversamos en la oficina y desde ese instante comenzamos a movilizar todo lo necesario para crear ese momento mágico. En quince o veinte días teníamos todo listo: el Jeep, un traje y un casco de bombero. Y, por supuesto, un bombero. Joaquín, en ese momento, estaba de alta. Así que el jardín del Hospital Italiano se transformó, con la magia de «Make a Wish», en un cuartel de bomberos. Me acuerdo de esa tarde: le hice cerrar los ojitos; le pregunté si estaba listo para conocer y vivir su deseo hecho realidad; me dio la mano muy fuerte; lo llevé hasta donde estaba el Jeep; abrió los ojitos e, inmediatamente, se subió. También habíamos llevado un pendrive con la música que sabíamos que le gustaba. Joaquín conversaba con el bombero como si fueran colegas. No me voy olvidar sus palabritas con esa voz suave que tenía: «Me late fuerte el corazoncito. Estoy feliz». Allí estaban sus papás, sus abuelos, amigos de la familia y parte del personal del hospital. Fue una tarde mágica de verdad.

– ¿Cómo hacés para estar tan cerca del dolor y sobrellevar esa experiencia sin que se te rompa el corazón?

– Hay momentos que me han afectado y sensibilizado más que otros. No siempre es fácil. Pero algo que -en particular- a mí me ayuda es no conectarme con el diagnóstico, no conectarme con la enfermedad. Trato de ir más allá, de lograr una conexión con el interior de cada uno, de buscar ahí donde cada uno de ellos siente que vuelve a ser Juan Pablo, Santiago o Luciana. Por supuesto, me ayuda saber que yo estoy encontrándome con ellos para conocer cuál es su mayor deseo: eso que los va a colmar de esperanzas, de sonrisas. Imaginate que ellos escuchan diariamente un «no podés salir», «no podés comer esto», «no podés ir al colegio» o «no podés ver a tus amigos». Nosotros vamos a hacer el «sí» en eso que desean. Entonces, focalizarme en la misión, me hace vivirlo de otra manera. Cada vez que voy al encuentro de estos niños y jóvenes, doy todo de mí y trato de llenarlos de vida, de energía positiva. Entonces, a pesar de que son historias muy duras, a mí me reconforta saber cuál es el sentido por el cual yo estoy ahí.

– ¿Cómo se pueden sumar los interesados en colaborar con ustedes?

– Se puede ayudar de distintas maneras: a través de una donación o apadrinando un deseo. Nos escriben un mail o por nuestras plataformas y les podemos mandar un listado de cuáles son los deseos que tenemos para cumplir. Tenemos la categoría de benefactor: pueden pasar una determinada suma de dinero (la que puedan). Los que aspiren a ser voluntarios pueden completar el formulario que está en nuestra plataforma y los vamos a contactar.

Por Diario

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