La política exterior en un mundo interdependiente y turbulento

La política exterior es producto de la interacción entre diversas realidades, necesidades internas y responsabilidades internacionales. En un ecosistema internacional interdependiente, transnacional y “turbulento”, como lo categorizó Peter Drucker a comienzos de la década del ochenta, la interacción entre el flujo de factores internos y externos que se intensifica producto del movimiento centrípeto de la lógica de la globalización, complejiza el accionar de la política exterior, planteando el problema de la construcción de la identidad y la inserción internacional. 

Nos encontramos ante un escenario de complejización de la política exterior dado por un sistema internacional en el cual la interdependencia económica y la competencia en los mercados entre Estados Unidos y China se potencia al punto de preguntarnos cuándo esta problemática económica y tecnológica pasará a ser un problema de seguridad. 

Por dar sólo un ejemplo, es bien conocido que Estados Unidos desde hace varios años intenta limitar el acceso de China a la fabricación de semiconductores y de esta manera retrasar su desarrollo. Aunque no se limita solamente al ámbito de los semiconductores sino también a la computación, biotecnología, robótica, ciberseguridad, energías renovables y la IA. La tecnología y la innovación tienen un impacto en las relaciones de poder entre las potencias.

Política exterior en un mundo interdependiente 

América Latina no está exceptuada de esta confrontación. Por más que sea categorizada por muchos como una “zona de paz” en términos de ausencia de rivalidades geopolíticas, dilemas de seguridad o hipótesis de conflictos intrarregionales, y sea reconocida por promover un respeto al Derecho Internacional y sus normas, la región cuenta con minerales estratégicos tales como níquel, litio y cobre, esenciales para la transición energética y la electromovilidad, que la transforman en un ambiente seductor en términos de competencia económica y geopolítica tecnológica, pero muy vulnerable desde la conflictividad social y la diversidad ambiental y cultural. 

Es así como América Latina, enfrenta un dilema difícil de resolver debido a su fragmentación, polarización y dispersión interna sumadas a las posibles alternancias políticas, que conllevan a altos niveles de incertidumbre sobre los resultados de los procesos políticos nacionales y su impacto en la región. 

Apuntes para una nueva política exterior

La política exterior resulta ser la expresión del punto de vista de un país sobre el mundo y su funcionamiento. En este sentido, a lo largo de su historia, Argentina mostró diversos arquetipos de inserción internacional. 

El primero de ellos, fue el vínculo que se estableció con Europa y el Reino Unido (1860-1930), el cual permitió una integración exitosa a la economía mundial como productor y exportador de materias primas y alimentos.

La relación con Estados Unidos y la integración con América Latina no ocupó un lugar destacado en la agenda de política exterior, más allá del acercamiento de Argentina a Brasil producto de la fuerte presencia regional de Estados Unidos. 

La crisis de 1930 obligó al replanteo por parte de la élite política del modelo de inserción y su identidad. 

Política exterior en un mundo turbulento

Un segundo modelo (1945-1989) denominado Globalista, por su diversificación de vínculos a diferencia de la visión anterior, retoma la necesidad de buscar una nueva identidad e inserción internacional. Se configuró sobre la base del inicio de la Guerra Fría y la polaridad entre Estados Unidos y URSS en el marco internacional, pero también por la búsqueda de una nueva estrategia de desarrollo económico organizada sobre la sustitución de importaciones a nivel doméstico y regional. 

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Aquí hay una revalorización de la región en términos de integración (mayor acercamiento a Brasil) como instancia para la construcción de autonomía desde la periferia, diversificación de vínculos comerciales sin barreras ideológicas, la necesidad de reformas en los organismos financieros internacionales que conlleven a mayor inclusión de los países en desarrollo, mayor participación en foros internacionales (multilateralismo) y finalmente el no plegamiento a Estados Unidos. 

Otro modelo avizoraba con la finalización de la Guerra Fría y la consolidación de la globalización. Nuevamente había un replanteo de la inserción internacional, la identidad y un quiebre en relación a arquetipos anteriores respecto al  plegamiento a los intereses de Estados Unidos y al desarrollo económico sobre las ideas del Consenso de Washington, a la vez una aceptación de las reglas de juego del orden económico internacional y un concepto de autonomía utilitarista. 

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Más recientemente, las últimas dos décadas estuvieron signadas por la vuelta a los componentes de un modelo globalista y por momentos de acercamiento y equidistancia de Estados Unidos. 

De aquí se desprenden varias cuestiones para reflexionar. En un mundo interdependiente y transnacional, signado por turbulencias, la política exterior se encuentra afectada por el entorno internacional. Al igual que en otros momentos históricos como la Guerra Fría, estamos ante un marco de conflictividad sino-norteamericano que muestra signos de bifurcación o desacople económico, del cual no estamos al margen y debemos enfrentarlo con inteligencia y la astucia del zorro y la fuerza del león de Maquiavelo. Ser pragmáticos y posicionarnos en las decisiones que conlleven a replantearnos la autonomía para incrementar nuestra gravitación internacional a través de la integración. 

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Sin dudas en este proceso es clave volver sobre la construcción e identificación de lo que ha sido nuestra identidad internacional, nuestra tradición y valores en política exterior que construyeron un “nosotros” como una potencia media, pacifista, defensora de los DDHH, precursora del diálogo multilateral y respetuosa del Derecho Internacional. 

Estamos en un proceso de transición intersistémico mundial caracterizado por transformaciones, turbulencias y fluctuaciones, donde aún no es claro poder avizorar el paso de un sistema a otro. Donde lo nuevo parecería que está naciendo, pero lo viejo aún resiste a morir. 

La política exterior en un mundo conflictivo debe gozar de la astucia de un zorro y de la fuerza de un león, ser pragmática y orientada a la consecución de intereses nacionales redefinidos en términos de desarrollo y apertura de mercados en función de generar nuevas fuentes de empleo. 

*Doctor en Relaciones Internacionales (USAL) 
Profesor titular de doctorado, maestría y grado en relaciones internacionales (USAL)

 

Por Diario

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