La Guerra de Ucrania acelera el cambio agrícola en el mundo

El conflicto es de largo plazo y obliga al sector productivo a orientar la inteligencia y el análisis de datos para incrementar la eficacia.

La característica central de la Guerra de Ucrania es que hay una situación de virtual estancamiento estratégico entre las dos fuerzas en pugna, que son Ucrania por un lado, respaldada por EE.UU. y la OTAN, y Rusia por el otro.

Lo que importa de esta caracterización desde el punto de vista de la economía mundial es que el conflicto se ha transformado en una guerra de largo plazo de carácter prolongado, que puede durar entre 4 y 10 años, o quizás más.

Esto significa que las tres crisis mundiales que ha desatado el conflicto (alimentaria, energética y inflacionaria) van a permanecer al menos un periodo semejante.

De ahí que la Reserva Federal de Kansas, -que es la expresión regional del Banco Central de EE.UU. especializada en la actividad agroalimentaria– estime que las actuales condiciones de la economía global, sobre todo en materia alimentaria, “pueden durar muchos años”.

La Reserva de Kansas sostiene incluso que las sanciones impuestas a Rusia pueden mantenerse después de que la Guerra de Ucrania haya terminado, señalando, por ejemplo, que los castigos impuestos a la federación Rusa por la anexión de la Península de Crimea en 2014 todavía están vigentes, y probablemente lo estarán mucho tiempo más.

Esto implica que las actuales condiciones mundiales en materia agroalimentaria se han convertido, o tienden a convertirse, en un rasgo permanente del negocio agroalimentario global.

Además, la producción agroalimentaria combinada de Ucrania y Rusia tiene una relevancia mundial; y responde por 29% del total de las exportaciones globales de trigo, con el agregado de que más de 90% de estas ventas externas están destinada a los países de África, (tanto del Norte como las Subsahariana) y Medio Oriente.

El resultado fue que la súbita interrupción de estas exportaciones provocada por la Invasión rusa a Ucrania del 22 de febrero de 2022 desató una crisis de envergadura en el mercado mundial de agroalimentos, con un aumento del precio del trigo de más de 40% en sólo dos meses, y una aguda carencia del pan en países como los el Norte de África que dependen de él para la alimentación de su población, y el caso más grave ha sido Egipto, que es el país árabe más poblado del mundo, También en EE.UU. la guerra de Ucrania ha modificado irreversiblemente ciertas pautas estructurales de la producción agroalimentaria.

Ante todo, se ha producido una aceleración del vínculo entre la producción de granos norteamericana y el mercado chino, que adquiere más de 60% de las exportaciones granarias estadounidenses.

A su vez, esta tendencia de fondo tiende a consolidar cada vez más la producción de commodities en grandes corporaciones, y ya no más en la acción de los farmers individuales.

El cálculo que se puede hacer es que 10% de los productores norteamericanos está constituido por estas grandes corporaciones, que a su vez responden por más de 40% de la producción, lo que incluye prácticamente a la totalidad de las exportaciones a la República Popular.

China responde por más de 60% del intercambio mundial de soja, que es el principal de los negocios agrícolas, junto con el maíz.

Hay que agregar que estas grandes corporaciones –que son superintensivas e hiperconcentradas – tienden a especializarse en 1 o 2 commodities específicos, en especial soja y maíz.

Estas grandes empresas disponen de un extraordinario nivel de productividad, pero a su vez desatan un porcentaje creciente de dióxido de carbono (CO2), que es la causa fundamental del calentamiento de la atmósfera, o cambio climático. Este sector de punta, cada vez más concentrado e intensivo, se funda en un dominio completo de la “Big Data”, que es la elaboración crítica de la información masiva proveniente de todas las variables agrícolas, procurando que su examen analítico se realice crecientemente a través de la inteligencia artificial (AI).

El objetivo es lograr que las orientaciones estratégicas cruciales de la actividad surjan de este análisis; y que sean ellas las que fijen hacia dónde ir, y cuál es el camino más favorable para la innovación, y por lo tanto para el incremento de la ganancia y el aumento de la eficacia productiva.

Se puede afirmar que los cambios experimentados en el agro norteamericano en los últimos 2 o 3 años equivalen a las transformaciones realizadas en las 5 décadas previas.

La convicción de la Reserva Federal de Kansas es que este proceso va a continuar en los próximos 5-10 años o quizás más.

Por Diario

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