En los dos primeros años del conflicto, casi el 40% de los inmuebles protegidos de la ciudad fueron alcanzados por las bombas, pero los que aquí te presentamos fueron pérdidas irreparables desde el punto de vista del patrimonio artístico

Ricardo Zamora, en la batalla legal contra Franco: «El separatismo del F. C. Barcelona me asfixiaba y hui»

El gran palacio de la Casa de Velázquez, levantado en el década de 1920

El gran palacio de la Casa de Velázquez, levantado en el década de 1920 ABC
Israel Viana

Se ha escrito mucho sobre las pérdidas irreparables que se produjeron como consecuencia de la Guerra Civil. Las cifras más repetidas son medio millón muertos y medio millón de exiliados, lo que supuso una gran pérdida demográfica para España. En ella se incluía, además, una parte importante de la población activa y joven y de las elites científicas, literarias y artísticas.

La catástrofe económica, además, fue grande. La renta nacional y per cápita no recuperó el nivel de 1936 hasta los años 50, más de una década después de la victoria de Franco. El tejido industrial quedó completamente destruido y hubo que regresar a una economía basada, principalmente, en la agricultura. Se produjo también un aumento de la deuda externa y una pérdida de las reservas de oro del Banco de España, que habían sido usadas por el Gobierno de la República para pagar la ayuda soviética.

En 1941, un informe de la Falange enviado desde Alicante al nuevo régimen franquista advertía: «La situación es pavorosa, tenemos toda la provincia sin pan y sin la posibilidad de adquirirlo. Hace más de cuatro meses que no se raciona pan, y otros productos ni digamos. En la provincia todos seríamos cadáveres si tuviéramos que comer del racionamiento de la Delegación de Abastos».

Un aspecto del que se ha hablado menos es de la destrucción de viviendas, que se calculan en unas 250.000. Solo en Madrid, en el primer año y medio de contienda, el 39% de los inmuebles protegidos (3.178 de casi 8.000) sufrieron daños importantes, según un informe del Ministerio de Obras Públicas de la República. A estos hay que añadir otros 219 semidestruidos y 146 totalmente arrasados.

«La arquitectura civil y más de la mitad de las iglesias fueron destruidas por la artillería o la aviación nacional porque eran objetivos estrictamente militares o, con mayor frecuencia, porque se interponían entre los que atacaban y los que defendían», explica la historiadora María Andrés Urtasun, en su libro ‘Arquitectura perdida. Madrid (1931-1939)’ (Y Editorial, 2017). Y de entre todos los que desaparecieron para siempre en la capital destacan estos cinco edificios históricos impresionantes:

Cárcel Modelo de Madrid

Cinco edificios históricos impresionantes de Madrid que desaparecieron para siempre en la Guerra Civil

Se empezó a construir en 1877 y fue inaugurada en 1884. Su denominación se puso para servir de modelo a las futuras cárceles de otras provincias. En España fue un ejemplo también de arquitectura panóptica y estaba formada de una serie de «galerías celulares radiales que confluyen en una rotonda central que permite vigilar desde allí todo el edificio sin necesidad de mucho personal», según puede leerse en los archivos.

En 1936, el impresionante edificio Cárcel Modelo contaba con todo lo necesario para ser unos de los fortines más importantes de la Guerra Civil, con una torre perfecta como punto de observación del frente de la Ciudad Universitaria . Sin embargo, no duró mucho, porque antes de que acabara el año ya estaba completamente destrozada. Al final de la contienda, el nuevo Gobierno franquista demolió lo que quedaba y levantó en el mismo sitio el cuartel general del Ejército del Aire, el mismo que actualmente preside la plaza de Moncloa. La primera piedra de este último se colocó en 1943.

Casa de Velázquez

La Casa de Velázquez, antes de la Guerra Civil


La Casa de Velázquez, antes de la Guerra Civil


abc

La casa de Francia en Madrid, conocida popularmente como la Casa de Velázquez, se levantó también cerca de la Ciudad Universitaria. En concreto, en una finca de Moncloa en la década de 1920. Se trataba de un gran palacio de tipo barroco español, con planta cuadrada y con torres, organizado en torno a un precioso patio central de grandes dimensiones. En su construcción se aprovechó el pórtico del antiguo palacio de Oñate, del siglo XVII, que fue cedido por el Gobierno español para que sirviera aquí de entrada monumental.

Pero este también tuvo la mala suerte de quedar justo en mitad del frente universitario y sufrir daños irreparables. Al final de la guerra estaba completamente destruido y fue abandonado durante años. Cuando acabó la Segunda Guerra Mundial, el Gobierno francés sufragó la reconstrucción del edificio con un remanente de fondos que le habían sobrado de la reconstrucción de su propio país, pero sufrió tantos cambios que en nada se parecía al original.

Instituto Nacional de Higiene Alfonso XIII

Instituto Nacional de Higiene Alfonso XIII


Instituto Nacional de Higiene Alfonso XIII


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Su origen se encuentra en el Instituto de Sueroterapia, Vacunación y Bacteriología Alfonso XIII, que fue fundado en 1899 en el centro de Madrid. Esta institución se creó como consecuencia de las diversas epidemias de cólera que habían surgido en Portugal e Italia ese mismo año. El centro dependía del Gobierno y su director fue el premio Nobel de Medicina Santiago Ramón y Cajal , encargado de regir los estudios e investigación sobre microbiología, sueroterapia y vacunas, así como producir sueros y vacunas y enseñar a los futuros médicos.

Para evitar la propagación de posibles infecciones y enfermedades, en 1910 se construyó un palacio neobarroco en Ciudad Universitaria para albergarlo. Al estallar la guerra, sin embargo, la zona se convirtió en uno de los principales frentes y el edificio pronto quedó completamente destruido por las bombas. En los años 50, en el mismo solar donde se encontraba este, se construyó el Colegio Mayor José Antonio, el cual se reformó a finales de los 60 para convertirse en el actual rectorado de la Universidad Complutense.

Iglesia del Buen Suceso

La Iglesia del Buen Suceso, en Madrid, antes de su destrucción


La Iglesia del Buen Suceso, en Madrid, antes de su destrucción


J. Laurent

La iglesia original del Buen Suceso se encontraba ubicada en la Puerta del Sol, pero se trasladó a la confluencia entre las calles Princesa y Quintana en la década de 1860. Allí se encontraba cuando estalló la Guerra Civil, en julio de 1936, en cuyos primeros días ya fue saqueada y quemada, para convertirla después en un importante cuartel miliciano. Su función religiosa se clausuró, por supuesto, pero dejaron en funcionamiento el hospital que también albergaba. Esa fue, sin embargo, su sentencia de muerte, puesto que el histórico edificio se convirtió rápidamente en objetivo de las tropas franquistas.

En el primer bombardeo de noviembre, el lateral izquierdo quedó destrozado y, 15 días más tarde, varios proyectiles impactaron de lleno contra el edificio y quedó maltrecho. Al finalizar el conflicto, «intereses financieros frenaron su recuperación», cuenta Urtasun en su libro. Las ruinas de la iglesia siguieron en el lugar hasta que fue restaurada en los años cuarenta, pero en 1975 finalmente se derribó por completo. Años después se construyó una tercera versión mucho más moderna de la iglesia del Buen Suceso a unos metros de allí, que nada tenía que ver con sus antecesoras.

Frontón Recoletos

Frontón Recoletos de Madrid, en 1935


Frontón Recoletos de Madrid, en 1935


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El Frontón Recoletos , ubicado frente a la Biblioteca Nacional, fue construido en la calle Villanueva, en 1935, por el ingeniero Eduardo Torroja y el arquitecto Secundino Zuazo. En su momento constituyó uno de los diseños más destacados del primero. Pero lo más curioso del asunto es que fue inaugurado en febrero de 1936, tan solo cinco meses antes del estallido de la Guerra Civil. Los archivos destacan sobre todo «la cubierta laminar que la cubría, un prodigio estructural único en su época».

Durante el conflicto, el edificio sufrió varios impactos directos de proyectiles que abrieron agujeros en la cubierta. Eso y las fuertes vibraciones de los bombardeos provocaron deslizamientos que ocasionaron el pandeo y el agrietamiento de la misma. Al no poder ser reparados los daños durante la contienda, se produjo la ruina con el hundimiento parcial. En 1942, Torroja presentó un estudio sobre las causas técnicas de su hundimiento y de las obras que serían necesarias para recuperarlo, pero el mal estado de la obra impidió su realización antes de que se produjera el hundimiento total. En 1973 se llevó a cabo la demolición del edificio del frontón y en la actualidad se levanta un bloque de viviendas en su lugar.

Por Diario

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