Propiciemos una España más alemana

Formar gobierno se alargará. Pero quiero creer –llámenme iluso– que, ante una decisión crítica (título de un libro reciente de Carles Canals), los dirigentes actuales del catalanismo histórico sabrán apreciar la importancia de romper la onda expansiva de la extrema derecha en Europa, y la significación global de ser protagonista. Anticipo, pues, acuerdo. 

FOTO: MANÉ ESPINOSA. CONSECUENCIAS DE LA HUELGA GENERAL EN CATALUNYA EN PROTESTA POR LA RESOLUCION DEL 1-0. MANIFESTANTES CON BANDERAS ESPAÑOLA E INDEPENDENTISTA PASEAN X RAMBLA CATALUNYA

MANÉ ESPINOSA

En la negociación se debatirán muchos temas. Poner fin a las secuelas represivas del 1-O o a las reticencias sobre el catalán serán dos de importantes. Pero hoy comentaré los económicos. Recomendaría firmemente que las negociaciones sobre temas económicos tuvieran la propiedad de favorecer a todas las autonomías.

En particular, que por el lado de los ingresos fiscales se incidiera, sobre todo, en su reparto entre la administración central y las autonomías. Catalunya no ganará reclamando un nuevo modelo de financiación que de inmediato suscite la sospecha de que queremos más en un juego de suma cero. Y si no cambiamos el reparto entre administración central y autonomías, será efectivamente de suma cero. El impás continuará y no avanzaremos.

Tendría todo el sentido que la Administración central asumiera la deuda de las autonomías con el FLA

Cuatro ejemplos de medidas con la propiedad deseable:

1) La deuda de las autonomías con el FLA –es decir, con el Estado– es una consecuencia de las deficiencias históricas del sistema de financiación. Tendría todo el sentido del mundo que, como ha reclamado persistentemente València, la Administración central asumiera esta deuda. Es una deuda que ya está incluida en el total del Reino de España, o sea, que este permanecería inalterado. Se modificaría solo la distribución del servicio de la deuda.

2) Si se plantea, la resistencia de Aena a cualquier participación autonómica en su gestión será numantina. Ahora bien, el Estado es propietario del 51% de las acciones de Aena y nada impide que, por ejemplo, la mitad de estas acciones se transfirieran a las autonomías con un criterio de distribución razonable y que atendiera a realidades aeronáuticas. El valor de mercado de Aena (empresa que cotiza en bolsa) es de unos 22.000 millones de euros, o sea, que se trataría de una transferencia de patrimonio de la orden de 5.500 millones. Es una cantidad importante, pero todavía lo sería más el mensaje implícito: que los intereses de los territorios que alimentan los aeropuertos tienen que ser representados en las instancias más altas de la compañía.

3) En línea con lo anterior, iría bien articular iniciativas y procedimientos para transferir a las autonomías patrimonio físico del Estado. Hay situaciones escandalosas, como que hospitales con la gestión transferida, como Vall d’Hebron, sigan siendo propiedad del Estado –vía la Tesorería de la Seguridad Social–, y eso incluye todas las grandes inversiones que con los años han acumulado las autonomías.


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4) La suma de las no ejecuciones de las partidas de infraestructuras de los presupuestos generales del Estado en, digamos, la ultima década es una deuda histórica perfectamente reclamable por las autonomías. Añadiría que la metodología de los encargos de gestión a la Generalitat que se usa este año para asegurar la ejecución del presupuesto estatal convendría que fuera una práctica sistemática. Quizá no todas las autonomías lo querrán, pero que lo quiera Catalunya no hace daño a nadie.

Conviene tener presente que la Comunidad de Madrid es especial porque tiene dos caras: la de las competencias autonómicas y la derivada de la presencia de la Administración central. La recomendación de no ir a conflictos de suma cero se aplica a la primera pero no a la segunda: todas las iniciativas que lleven a la desconcentración del Estado son buenas e indicadas.

Todas las iniciativas que lleven a la desconcentración del Estado son buenas e indicadas

Tomemos Cultura. En los presupuestos del Estado del 2023 recibe unos 1.500 millones de euros. Una territorialización somera atribuye más del 25% a Madrid. La gestión de Iceta ha mejorado la situación previa, pero creo que sería hora de establecer, por una parte, que la territorialización del gasto de Cultura se tiene que orientar hacia la proporcionalidad entre territorios, como correspondería si la consideráramos una política social.

Y por otra parte que la brutal asimetría patrimonial se vaya equilibrando: no hay razón para que todas las compañías del Inaem tengan que residir en Madrid o para que el patrimonio artístico móvil, también el de primera categoría, no esté presente en todo el territorio español.

En resumen: propiciemos desde Catalunya que España se vuelva más alemana, es decir, más multicéntrica.

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Por Diario

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