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¿Qué pasa en el cerebro de un adolescente ansioso?

¿Qué pasa en el cerebro de un adolescente que todavía está en desarrollo y tiene un trastorno de ansiedad? Este es uno de los sentimientos más frecuentes en los adolescentes por causas genéticas, ambientales y sociales. Muchos desencadenan trastornos de ansiedad: la emoción se hace más intensa y repetitiva, dice Marina Díaz Marsá, presidenta electa de la Sociedad Española de Psiquiatría.

Recientemente, en un artículo de Scientific American se abrió la discusión de los cambios que puede haber en el cerebro de los jóvenes, y que pueden incidir en el riesgo a desencadenar un trastorno de ansiedad. En él, también se mencionan los retos existentes frente a los tratamientos. Uno de los más comunes es la terapia cognitiva-conductual.

El artículo menciona que en las últimas dos décadas los científicos reportaron nuevos descubrimientos sobre el cerebro adolescente: tiene cambios notables en estructura y función; la amígdala y el hipocampo son regiones que están más activas en estas edades, lo que favorecen asuntos ligados a la emoción y la socialización.

“Las regiones involucradas en las emociones, como la amígdala y el hipocampo, muestran cambios estructurales y funcionales máximos durante la adolescencia. En esta etapa de la vida aumenta el volumen de la amígdala (un cambio estructural), al igual que la forma en que la amígdala se activa ante determinadas experiencias emocionales (un cambio funcional). Por el contrario, las regiones del cerebro y los circuitos asociados con la regulación de las emociones, los pensamientos y las acciones (la corteza prefrontal, por ejemplo) cambian más gradualmente y el desarrollo continúa hasta bien entrada la edad adulta”, relatan en el artículo de Scientific American.

Estas diferencias conducen a un desequilibrio en la comunicación entre las regiones del cerebro, lo que aumenta la probabilidad de que en situaciones “amenazantes o cargadas de emociones” los jóvenes respondan con comportamientos ansiosos y volátiles.

Es decir, los jóvenes son más propensos a ser, cuando crezcan, personas ansiosas y pueden desencadenar otros trastornos mentales, por su anatomía cerebral.

El cerebro termina de desarrollarse a los 25 o 30 años. Durante estos años, existen unas áreas cerebrales que tienen una progresión en su desarrollo, que van aumentando de tamaño y se terminan de definir en la edad adulta. Si un adolescente sufre de ansiedad, hay unas áreas del cerebro como el hipocampo (donde se almacena la memoria) y la amígdala cerebral (el centro de alerta) que comienzan a tener cambios. Por ejemplo, sus estructuras cerebrales pueden aumentar de tamaño y esto, sumado con el estrés, produce cambios a nivel cerebral”, explica el psiquiatra Juan David Palacio-Ortiz, docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia.

Estas modificaciones en el cerebro causadas por la ansiedad —como el aumento de tamaño de la estructura cerebral—, tiene implicaciones en la adultez al estar relacionadas con las emociones de las personas. Esto significa que los adolescentes ansiosos que no controlen su ansiedad en la juventud, serán adultos más propensos a la ansiedad y a reaccionar desmesuradamente en algunas situaciones.

Al crecer, estos niños y jóvenes pueden ser más susceptibles y más ansiosos que aquellos que no experimentaron un trastorno de ansiedad en su infancia o adolescencia. Si presencian un robo en la calle pueden alterarse muchísimo y sentir que están en peligro. Es como tener una ‘alarma más sensible’”, agrega.

Según los National Institute of Mental Health el cerebro adolescente responde diferente al estrés en comparación con los adultos, lo que los hace más vulnerables a otras enfermedades mentales relacionadas con el estrés, como la depresión, que también se puede desencadenar en esta etapa.

Además de los cambios continuos en el cerebro, aparecen otros cambios físicos y emocionales que los hacen más propensos a las enfermedades mentales. De hecho, la mayoría de e afecciones mentales (esquizofrenia, ansiedad, depresión, trastornos bipolar o de alimentación) aparecen en la adolescencia.

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La ansiedad proviene de una emoción primaria que es el miedo. El miedo es una respuesta evolutiva del ser humano que se desencadena cuando se siente amenazado. La diferencia ocurre cuando el humano anticipa los peligros del futuro y aparece un miedo irracional constante.

Todos, en algún momento, la hemos sentido, pero aquellas personas que lo hacen de manera intensa y excesiva, suelen ser diagnosticadas con un trastorno de ansiedad, si recurren a un psicólogo o psiquiatra. Este trastorno mental es el más común: un 4 % de la población mundial lo padece, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y afecta más a las mujeres.

Desde la pandemia la ansiedad ha aumentado en un 25 % de la población, y datos locales, registrados en una investigación sobre la salud mental de jóvenes en América Latina, publicada en 2022 en el Journal of Psychiatric Research, concluyó que de 1.400 niños y adolescentes de Colombia (principalmente de Antioquia) el 27 % tenía un trastorno de ansiedad. El psiquiatra Juan David Palacio-Ortiz es coautor de este estudio.

Existen jóvenes con temperamento ansioso o perfil ansioso, que tienden a presentar síntomas desde pequeños. Algunos evolucionan a trastornos de ansiedad y reaccionan con temor a diversas situaciones sin necesidad. Hay ciertos ambientes y situaciones difíciles que ‘despiertan’ la ansiedad como los casos de bullying en los colegios o los entornos familiares violentos o las guerras. Eso genera una sensación de peligro inminente”, asegura el investigador.

El tratamiento convencional para abordar los trastornos de ansiedad en jóvenes suele ser la terapia cognitiva-conductual, pero en los casos más severos se necesita un acompañamiento farmacológico.

“Lo ideal en estos casos es tratamiento psicológico con medicamentos porque los fármacos están destinados para tratar el malestar del día a día, mientras que con la terapia lo que se busca es llegar a un punto donde se evite el trastorno psicológico”, dice.

En la mayoría de los casos los jóvenes suelen recibir solamente la terapia cognitiva-conductual, ya que sus cerebros tienen una mayor plasticidad (la generación de nuevas neuronas que permiten adquirir nuevas habilidades y conocimientos) que los adultos. En otras palabras, así como los adolescentes son más propensos a la ansiedad, también los tratamientos pueden ser más efectivos.

“Cuando un adolescente entra a un tratamiento hay cambios positivos a nivel cerebral, sobre todo en la amígdala y en el hipocampo. Con los medicamentos y la terapia es probable que presenten mejorías en el desarrollo cerebral”.

La ansiedad se transforma

Pensar en la ansiedad en la adolescencia, es también afirmar que esta emoción se transforma con el tiempo y no es igual en los diferente grupos etarios. Los adolescentes, adultos jóvenes y adultos mayores la experimentan de múltiples formas y los detonantes suelen ser distintos, porque las preocupaciones varían. Por ejemplo, los jóvenes suelen centrar su atención en sus relaciones sociales o en su rendimiento escolar.

La adolescencia es una etapa en la que los jóvenes son muy arriesgados, atrevidos, no le temen a nada. Hay otros con perfil ansioso que se sienten diferentes porque les da miedo aventurarse, socializar con un chico o una chica, por ejemplo. Las relaciones sociales pueden causarles muchísima ansiedad”, dice el experto.

Mientras que en los jóvenes adultos esta emoción se detona principalmente por otras razones como el temor a fracasar o no ser exitosos en la vida, su estabilidad económica, la incertidumbre de su futuro, sus planes a mediano plazo, sus relaciones románticas, el compromiso, la idea de formar una familia.

Otro grupo etario que llama la atención son los adultos mayores, que con la edad se vuelven más vulnerables a diversos trastornos mentales. Uno de ellos es la ansiedad, ya que según el médico Jorge Alberto Osorio Ciro, docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, comienzan a sentirse alejados y desplazados de sus círculos sociales y familiares, algunos sienten que ya no son tan útiles para las tareas cotidianas y todo esto se acompaña con recuerdos nostálgicos.

Todo esto sumado a la ausencia de retos en su cotidianidad que no estimulan su cognición: “Si no hay un estímulo adecuado y educación, las personas viejas tendrán deterioro cognitivo. Mucha gente cree que esto es igual a la enfermedad de Alzhéimer, pero no es así. Entran a este estado por falta de estímulo cerebral. A los viejos no los ponen a leer, a interpretar, a resolver problemas, a diferencia de cuando se estimulan las mentes de niños y jóvenes. A los viejos no se les reta a hacer procesos de recordación y todo se lo facilitan. No debería ser así. Y no me refiero solo a sopas de letras o crucigramas. El viejo debe leer, interpretar lecturas, resolver problemas matemáticos. El viejo tiene que pensar para que su cerebro se mantenga estimulado, porque sino es probable que se desencadenen algunos trastornos como la ansiedad o la depresión”, dice Osorio Ciro.

¿Cómo saber si necesida ayuda?

En una entrevista para The New York Times el presidente de la Asociación Americana de Pisquiatría, Petros Levounis, expresó que la ansiedad requiere de evaluación cuando impiden ejecutar acciones cotidianas por miedo. Algunas señales incluyen una sensación de temor o preocupación que simplemente no desaparece, o tener problemas para dormir o comer. Otros síntomas son la inquietud, una sensación de miedo o fatalismo, aumento de la frecuencia cardíaca, entre otros.

En estos casos es imprescindible el acompañamiento de un profesional. Si no se trata, es posible que la ansiedad no desaparezca y empeore.

La adicción a las redes también modifica el cerebro

Según una investigación desarrollada por los investigadores Max Chang e Irene Lee, del University College de Londres, que indagó en 12 estudios de neuroimagen para comprender los efectos de la adicción a internet en los cerebros de niños y adolescentes, entre 10 a 19 años, los cerebros de los jóvenes cambian cuando son adictos a las redes sociales. El estudio mostró que durante actividades que involucraban la “red de control ejecutivo del cerebro”, algunas regiones neuronales presentaban interrupciones. Esto deduce que hay cambios en la conectividad y la señalización de las redes neuronales y afecta el desarrollo natural de los seres humanos en áreas como la atención, la toma de decisiones, la capacidad intelectual, la memoria de trabajo, la coordinación física y el procesamiento emocional.

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